El encanto de la isla de Formentera con la reactivación del turismo

Valencia, 11 de julio de 2020- Héctor González

Recorrido por Formentera en la denominada nueva normalidad, que con más precisión podría denominarse nueva realidad. En la primera semana de tránsito libre por España. Salida desde la localidad alicantina de Dénia a las 8,30 horas del jueves 25 de junio, con control de temperatura a todos los pasajeros. Ya en el barco, repleto de viajeros, rellenamos un papel en el que nos preguntan si tenemos tos o por nuestra dirección en la isla.

Desembarco en La Savina

Ese documento se entrega al desembarcar, ya en el puerto de La Savina, mientras te vuelven a tomar la temperatura. Una hora de cola para superar ese control. Nada será igual a la vuelta. Aunque eso ya lo contaremos más adelante. Ahora, vamos con la visita. En este caso, con el vehículo incluido que hemos embarcado y que nos hará más accesible el recorrido por una isla que desde La Mola hasta La Savina, prácticamente sus dos extremos, se extiende a lo largo de 17 kilómetros.

Nos alojamos en una casa en la densa pinada de Sant Ferran que nos alquila, por intermediación, un despreocupado italiano con el típico nombre de Marco. Vamos a comer a la capital. Primera toma de contacto con Sant Francesc Xavier, la principal localidad de la isla, que no llega a los 3.000 habitantes y cuyo principal encanto reside en su plaza central y en las dos calles de tiendas que desembocan en ella.

Paseo por la cala En Baster

Al regreso, paseo por la cala En Baster, la más cercana a nuestro alojamiento, que se caracteriza por sus grutas y minicalas cercanas. Nos topamos con dos personas. Será prácticamente la tónica de los siguientes días. No existe problema para mantener las llamadas distancias de seguridad sanitarias.

Primera puesta de sol. Quizás, con el tiempo, será la que mejor perspectiva de la isla recoge. La contemplamos desde El Mirador, que abarca prácticamente cuatro quintas partes de la isla. El bar está cerrado, aunque nos cede sus mesas y sillas para esta observación vespertina que compartimos con apenas una decena de personas.

Senderismo por Formentera

En el segundo día inicio las rutas por los senderos numerados y marcados con señales de madera. Cada jornada me dirigiré hacia un sentido. Hoy vuelvo a la cala de En Baster para, desde allí, caminar hacia la playa de Migjorn y pasear sobre la tarima de madera que marca un recorrido dunar. Bordeo Lucky (un local del que luego escribiré) y llego al inicio del recorrido, en Ca Marí. Desde allí hago ruta en sentido Es Pujols y regreso a la casa. Hora y media custodiado por un sol que ya empieza a exhibir su potencia con un bronceado creciente en mi rostro.

Mercadillo de Sant Ferran

Vamos a Sant Ferran buscando su mercadillo, pero está cerrado. Así encontraremos todos. Incluso el artesanal de La Mola, el más famoso por su aroma hippy. Ha retrasado su apertura al 1 de julio. Demasiado tarde para nosotros. Retornando en el relato a Sant Ferran, la localidad es diminuta. Da para comprar en su horno (lleva el nombre del pueblo y tiene un pan muy recomendable) y para un paseo que no se extiende más de media hora.

Y otra vez a Sant Francesc, tres kilómetros más allá. Con adquisición en el principal supermercado de la isla, que también visitaremos unas cuantas veces. Llegamos algo asustados por las referencias de precio, pero son casi idénticos (si acaso unos céntimos más) que en Valencia. También vamos al mercado pagès, que en la práctica es una solitaria tienda de frutas y verduras.

Comemos luego en Es Pujols, una de las localidades más turísticas. No obstante, en la última semana de junio la mitad de sus locales está cerrado. El paseo marítimo, sin apenas venta en sus tiendas, parece achicarse. En la playa, junto a un Mediterráneo cristalino, ondea la bandera de peligro de medusas.

Los secundarios vestigios históricos

La puesta de hoy la contemplamos desde los alrededores del faro de Berberia, en el extremo más al sur de Formentera. Antes, pasamos por un par de monolitos que datan de alrededor del 1.600 A.C., de los que queda poco más que unas rocas dispersas bordeadas por una cerca de metal. Ya junto al faro nos aproximamos a la torre vigía, cerrada.

En esta isla los escasos restos monumentales pasan a un segundo plano en la agenda de la mayoría de visitantes. Además de que existen pocos, el atractivo de las playas las suele convertir en prioritarias.